
Residencial
Construido2001 · Costa Cachagua
Tres piezas con lógicas distintas que coexisten sin forzar su unidad. El volumen blanco del nivel superior, estrictamente horizontal, recorre todo el largo con una ventana corrida de marcos de madera que encuadra el paisaje. Bajo él, el muro de piedra: macizo, rugoso, anclado al suelo como si siempre hubiera estado ahí. La planta se organiza en L, articulada por una caja cilíndrica que contiene la escalera de caracol y conecta los dos niveles. Sobre el pasillo, una lucarna circular genera durante el día un juego de luz y sombra que va cambiando con las horas — un gesto intencional que convierte la circulación en experiencia. Hacia el poniente, la casa se abre completamente. Un segundo estar se envuelve en una caja de vidrio que incorpora el jardín al interior. La losa curva de hormigón que vuela sobre la terraza de madera remata el conjunto en el único quiebre de geometría: el gesto que entrega la casa al aire libre.